La prisa nos lleva de la mano con más frecuencia de la recomendable para cualquier persona que pretenda entender todo esto que nos pasa sin que nadie lo remedie.
Y es en uno de esos momentos de prisa cotidiana, de esa prisa asumida, de la de – estoeslonormalnohayporquédarleimortancianotepreocupes -, cuando nos encontramos con una de esas personas que lo fué todo para nosotros y que hace tiempo que no vemos.
Ya fuera o fuese pareja o amigo la sensación de estar cara a cara es como una especie de orgasmo mental. Un segundo de alegría desbordante acompañado de una charla de lo más estúpida en un intento vano de ponerse al día y la euforia que contagia la falsa creencia de que podemos recuperar los buenos momentos.
Por unos instantes creemos que todo volverá a su cauce. Que estos años de distancias han servido para comprobar lo que se ha echado de menos la compañía del ser recién encontrado y lo necesario de volver a estrechar lazos de nuevo.
La realidad es otra.
Las risas no son las mismas, ni las miradas, ni siquiera las voces ni mucho menos los gestos.Es entonces cuando te invade la sensación de incomodidad que te hace necesitar que el encuentro termine y cuanto antes.
En ese momento es cuando echamos mano de nuestro infalible recurso para estos casos. El café imaginario.
Uno dice, “tío, tenemos que vernos. Esta semana no puedo, pero la que viene te llamo y echamos un café. Hay que volver a los viejos tiempos.”
Esa ha sido la única verdad de toda la conversación. Los tiempos ya son viejos. Tan viejos que no tienen ni posibilidad de volver a sentirse jóvenes ni ganas.
El resultado:
- Sonrisadebobo – mientras te alejas del epicentro del momentazo, la agenda del móvil ha engordado con números que nunca vas a marcar ni a mantener cuando cambies de móvil y otra bonita taza de café imaginario para la vitrina de – cualquiertiempopasado -.
Como los tripulantes de un globo aerostático hemos ido soltando lastre que jamás podremos recuperar sin miedo a perder altura y estrellarnos. La cesta se hace pequeña y cada vez sobramos más para que esto siga volando.
Volando sin rumbo, eso si.



